Nidos de amor en serie
y fortalezas
para el dinero,
y ellos a la intemperie
o amontonados en moridero.
Esto
señor,
cámbielo pronto
para mejor.
María
Elena Walsh ("Paraísos")
La obra fue representada en Canelones en 1987, el mismo año que se representó, por el mismo grupo "El Pedido de Mano", de Chéjov y "La Casa Vieja" de Alberto Paredes.
Las puertas fueron gentileza de "ArteMadera" y agradecíamos a todas aquellas personas que hicieron posible "El Lugar".
Carlos Gorostiza. Nacido en 1920, es uno de los dramaturgos más importantes en la Argentina después de Roberto Arlt. Su primera obra, "El Puente" (1949) marca un renacimiento en el Movimiento Teatral Independiente y será seguida de "El fabricante de piolín" (1950), "El caso del hombre de la valija negra", "Noches de cólera" (1951), "El juicio de Marta Ferrari" (1954), "El reloj de Baltasar" (1955), "El Pan de la Locura (1958), "Los Prójimos" (1966), "¿A qué jugamos?" (1968), "El lugar" (1970), "Juana y Pedro" (1975), "Los hermanos queridos" (1978), "El acompañamiento" (1981), "Matar el Tiempo" (1982), "Papi" (1983), en una producción dramatúrgica incesante, sin contar sus novelas "Los cuartos oscuros", "Cuerpos Presentes", y su actividad como docente y como director (ha dirigido casi todas sus obras en Buenos Aires, en Caracas, en México y en Estados Unidos), así como sus libretos para la televisión. Ha recibido, asimismo, numerosos premios nacionales e internacionales para sus obras dramáticas y narrativas: varios Premios Municipales de Teatro y de la Sociedad General de Autores de la Argentina, Premio Martín Fierro en televisión, Premio Talia, Fondo Nacional de las Artes, Premio Nacional de Teatro, Premio Nacional de Literatura, Gran Premio de Honor Argentores y recientemente el Premio Critven de Venezuela, en 1975.
El Lugar. El 20 de julio de 1970, mientras Carlos Gorostiza dirigía los ensayos de su nueva pieza "El Lugar", se incendió el Teatro San Telmo. El hecho de que Gorostiza tuviera que buscar un "lugar" para estrenar el producto de su reciente y repentina inclinación hacia un mal entendido teatro del absurdo, parecía una paradoja alegórica; a los cincuenta años, el autor del "Puente" pretendía renunciar al realismo, y, en rigor, no había "lugar" para "El Lugar". La sala donde iba a representarse había quedado reducida a un baldío, mientras que, premeditadamente alejada del realismo, sus postulados no se decidían por ninguna línea de expresión coherente.
Como planteo dramático, El Lugar parece un intento por llevar hasta sus últimas consecuencias (en principio, imprevisibles) la situación final de "¿A qué jugamos?". La acción se circunscribe a un encierro, en el que las influencias de "A puerta cerrada" se manifiestan más evidentes: siete personas van ocupando una habitación, hasta que comprenden la convicción sin salida de ese "estar allí", llega un momento en que sobreviene una suerte de enclaustramiento definitivo. No van a ninguna parte y les es imposible volver atrás, a sus respectivos orígenes. La capacidad del lugar queda colmada en la primera mitad de la pieza, a partir de allí, se inicia un proceso inverso, de desaparición: por distintas causas, pero siempre precipitados por un caudillo en quien tiende a centralizarse el poder, todos los habitantes van muriendo, hasta que el líder queda solo, implorando con gritos de ira la respuesta de algún ser humano.
Con muy buenas observaciones de costumbres y un humor que progresivamente se convierte en corrosivo huimor negro, la obra se convierte en una vigorosa alegoría sobre algunos mecanismos y alcances del poder. Aquí el enjuiciamiento de la convivencia queda totalmente al desnudo, en un intento de abstracción geográfica e histórica que se queda en un costumbrismo elíptico. Allí es donde falta el salto a un pretendido "absurdo"; la concepción de "El Lugar" responde a módulos esencialmente realistas.
La puesta. "...toda puesta está resuelta con gran soltura y excelente nivel, no sólo por el dinamismo, el ritmo bien medido y la precisión de los movimientos escénicos en un lugar estrecho y en medio de la acumulación de valijas que cada nuevo habitante trae, sino también por el rendimiento de un elenco que logra un nivel con muy buenas caracterizaciones para cada personaje." (Roger Mirza, "La Semana"; 24/oct/1987).
"Fue el mejor espectáculo de la bienal sin discusiones, y una gratísima sorpresa, además: que el montevideano director Ismael Baillo conduce con inteligencia, contando con un elenco tan parejo como eficiente..." (G.A.Ruegger, "El País", 22/oct/1987).
"Logran dar a la obra un adecuado tono donde los personajes adquieren carnalidad realista sin descuidar la necesaria veta de humor y locura que Gorostiza pide. Todo el elenco es parejo, cuidado, y se ensamblan y acompaña en este espectáculo que sin lugar a dudas fue una de las agradables sorpresas de la bienal de Paysandú (Mariana Percovich, "La Hora", 7/dic/1987).
Esta puesta tuvo el honor de ser nominada al premio "Florencio" en la terna "Revelación" (año 1987) galardón que por primera vez los críticos otorgaban al Teatro del Interior. Posteriormente la Asociación de Críticos Teatrales del Uruguay invita a participar en la Tercera Muestra Internacional de Teatro de Montevideo, realizada en abril de 1988; un buen momento para demostrar que se empieza a comprender que nuestra cultura está hecha por todos los uruguayos, y tender así un puente que sirva de "eslabón" para unirnos en la búsqueda de la verdadera imagen nuestra.
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